En Tierra Peligrosa
He rescatado del pasado tres minutos y medio que me llenaron el corazón.
Siempre admiré a Steven Seagal como actor y persona. O quizá lo tuve idealizado en mi adolescencia, pero solía luchar por causas bastante justas. La película se titula "En Tierra Peligrosa" (On Deadly Ground), y se trata del discurso final. Me dejó con buen sabor de boca, abriéndome los ojos ante la realidad y lo corrupto que está todo.
Al final del texto encontraréis el video (que me encargué de subir a YouTube).
Merece la pena. Disfrutadlo.
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"En primer lugar, gracias a todos los Hermanos y Hermanas que están hoy aquí en representación de esta causa.
El Señor Hytok y el Consejo Tribal me han pedido que les hablara a ustedes y a la prensa de la injusticia a la que nos han sometido algunos funcionarios del Gobierno y las grandes empresas.
¿Cuántos de ustedes han oído hablar de los motores alternativos? Motores que funcionan con alcohol o agua. ¿O carburadores que aguantan cientos de kilómetros con un litro de gasolina? ¿O motores eléctricos o magnéticos que funcionan prácticamente toda la vida? Ustedes no saben nada de eso, porque si se utilizaran, se hundirían las compañías petrolíferas.
Hace más de 50 años que el concepto de motor de combustión interna está obsoleto. Pero por culpa de los cárteles petrolíferos y de una corrupta normativa gubernamental, el mundo se ha visto obligado a utilizar gasolina desde hace casi un siglo.
Las grandes empresas son las principales responsables de contaminar el agua que bebemos, el aire que respiramos y la comida que ingerimos. No les importa el mundo que están destruyendo. Únicamente les preocupa el dinero que obtienen.
¿Cuántos vertidos más podremos soportar? Millones y millones de litros de petróleo están destruyendo el océano y muchas de las formas de vida que lo habitan. Entre ellas el plancton, que aporta del 60 al 90 por ciento del oxígeno de la Tierra, mantiene el equilibrio del ecosistema marino, que es la base de la provisión de alimentos de nuestro planeta.
Pero el plancton se está muriendo. Me dije, bueno, me iré a vivir a cualquier país remoto que esté en los confines de la Tierra. Pero al investigar un poco, me di cuenta de que esa gente esparce los residuos tóxicos por todo el mundo.
Prácticamente controlan las normas. Bueno, de hecho controlan la Ley. La Ley dice que ninguna empresa puede ser multada con más de 25.000 dólares al día. Pero si una empresa gana 10.000.000 de dólares al día preñando el océano de residuos letales, no les importa en absoluto seguir haciéndolo.
Influyen en los medios de comunicación para que éstos controlen nuestro pensamiento. Han convertido en un crimen el expresarnos y, cuando lo hacemos, nos llaman conspiradores locos y se ríen de nosotros.
Somos más agresivos porque nos están dañando química y genéticamente. Pero ni siquiera nos damos cuenta. Por desgracia, nuestros hijos lo heredarán.
Cada día cuando vamos al trabajo, vemos ante nuestras propias narices cómo nuestro coche y el coche que nos precede vomitan gases nocivos que se van acumulando peligrosamente en nuestro cuerpo. Ese veneno nos está matando lentamente, aunque no veamos sus efectos.
¿Cuántos de nosotros lo habríamos creído, si nos hubieran dicho hace 20 años que llegaría el día en que apenas podríamos ver lo que está a 2 metros de nosotros? ¿Que no podríamos respirar profundamente porque el aire sería una masa de gases venenosos? ¿Que ni siquiera podríamos beber agua del grifo, que tendríamos que comprarla embotellada?
Nos han arrebatado los derechos naturales que Dios nos concedió. Desgraciadamente, la realidad de nuestra vida es tan áspera que nadie quiere escuchar.
Me han preguntado qué podemos hacer. Creo que necesitamos que un grupo de personas responsables defiendan nuestros intereses, y no los de las grandes empresas. Estas personas preservarían el medio ambiente, no permitiendo el uso de ninguna sustancia que no fuera completamente biodegradable, o que no pudiera ser neutralizada mediante procesos químicos.
Finalmente, mientras haya actividades que, a pesar de contaminar, produzcan beneficios económicos, habrá empresas que continúen haciendo lo que quieran. Debemos obligar a esas empresas a trabajar de una manera segura y responsable, teniendo muy presente que es en beneficio de todos.
Sólo así podremos defender la vida de nuestro planeta, con la fuerza que reside en nuestro corazón y en nuestra alma."
Hace 25 años, a estas horas estaría pegando mis últimas patadas al vientre materno. En cambio, esta noche estoy aquí, sentado en esta silla, perdiendo horas de sueño, escuchando jazz, reflexionando un poco y escribiendo mis conclusiones. Hay que ver cómo han cambiado los tiempos. Antes jugábamos a las canicas, al escondite, coleccionábamos cromos y pasábamos mucho más tiempo en la calle, aprendiendo a base de golpes.
Creo que me estoy cuestionando demasiadas cosas que no vienen a cuento, así que a lo que íbamos: ¡¡¡HOY ES MI CUMPLE!!! Y estoy contento por seguir cumpliendo años. Porque lo importante es sumar y, más todavía, sumarlos en un entorno agradable y rodeado de amigos. Ahí está la diferencia. Porque todos conocemos muchas personas a nuestro alrededor. Personas que van y vienen, y llenan nuestra ‘agenda de contactos’. Pero cuando de verdad necesitas hablar con alguien que te comprenda, que te escuche y te pueda decir esas ‘palabras mágicas’, puedes recorrer la agenda de la ‘A’ a la ‘Z’ y ver que no te vale cualquiera, que los buenos se cuentan fácilmente. Puedo sentirme afortunado, porque por mucho que el dinero dé la felicidad o no, hay cosas que no se compran.
Este año mi cumpleaños ha caído martes. Teniendo en cuenta que ya comenzaron las clases, que después de semana santa estamos en la recta final y que cada uno tiene sus compromisos, es muy complicado celebrar algo entre semana. Así que, y pese a que los supersticiosos digan que anticipar da mala suerte, decidimos celebrar mi cumpleaños este sábado día 21.
"- Ahora lo entiendo todo:
El sábado nos metimos en el local a las 9 de la noche para montar y hacer pruebas de sonido. Al faltarnos tiempo para ecualizar, y dado que la gente vendría a partir de las 11, recogimos la cena para tomarla allí mismo.




Pues bien, hoy se me olvidó en casa. De verdad os digo: "Llevar tu propia música en el autobús no es ningún capricho, sino necesidad". Por mucho que ruegues a cualquiera de los conductores (menuda colección) que NO te pongan Camela, los 40 principales o Celine Dion (en el mejor de los casos), no bajarán en más de un 30% el volumen, aprovechando para subirlo de nuevo en cuanto te des media vuelta. Una de las ideas que recorre mi mente es llevarme un par de destornilladores: uno normal y otro de estrella (por si acaso). Entonces lo pediré por favor una sola vez. Lo siguiente sería desmontar y cortar los cables del altavoz que hubiese sobre mi cabeza.
En estas fechas, todos los componentes del grupo hemos estado (y seguimos) liados con los exámenes de enero y febrero: Libros, biblioteca, laboratorio, entrega de prácticas, noches de insomnio, noches de café y bebidas energéticas (¿taurina en vena?), estrés adicional, trabajar los fines de semana, etc… Con todo esto, que en principio pueden parecer excusas, lo único que pretendo justificar es la falta de tiempo para haber ensayado mucho más.
Para mi sorpresa, no estaba muy nervioso. Por un momento, tuve la sensación de que ya había vivido ese momento. Dieron las 23:00 y poco a poco empezaba a entrar gente. Había muchas caras desconocidas, pero poco a poco empezaron a llegar los colegas importantes. Bajé del escenario para hablar un rato antes de empezar. Fuisteis mi mayor motivación, porque me hacíais sentir como si estuviese en casa, rodeado de apoyo y sin presión. Ya no me importaba demasiado el resultado final. Supe que lo íbamos a pasar genial esa noche. 
Cerrar mis ojos y soñar.



